las redes sociales se han convertido parte de nuestra rutina diaria hasta el punto de no poder imaginar la vida sin ellas, pero ¿que las hace tan especiales? ¿acaso nos hemos convertido en una especie de adictos comunitarios? en este articulo recopilamos información y analizamos el atractivo y los riesgos de estos servicios.
Interactividad: Permite desarrollar una multiplicidad de tareas al mismo tiempo. Riesgo: caer en el llamado multitasking, favoreciendo la dispersión, la mala gestión del tiempo y la superficialidad.
Sociabilidad: Prolonga las relaciones offline en los medios online. Permite ampliar las áreas de conocimiento mutuo. Riesgo: la fugacidad y poca profundidad de los mensajes generados.
Intimidad: Crea espacios de intimidad y privacidad, una gran oportunidad para el crecimiento personal. Riesgo: una gestión de las redes cerrada al consejo de sus padres, podría promover el aislamiento del mundo adulto.
Personalidad: Facilita cómo presentarse en público y sentirse diferente. Riesgo: inmadurez, amenazas para uno mismo y para los demás.
Información ilimitada: Acceso a fuentes muy diversas, permitiendo encontrar respuestas. Riesgo: cuando los adolescentes buscan en internet o en las redes las respuestas a sus dudas o preguntas mas íntimas, en lugar de buscar en los padres -o personas autorizadas y formadas- la respuesta más adecuada a su edad.
Al final, sólo quedan dos opciones: o aprovechar correctamente estas 5 atracciones, desarrollando así una ciudadanía digital madura, o aprovecharse de las circunstancias, sumergiéndose de modo desenfrenado en la inmadurez personal.
Educar en la ciudadanía digital responsable exige que los protagonistas de la educación de los hijos, los padres, sepan sensibilizar, escuchar y aconsejar adecuadamente a sus hijos. No hay una respuesta única para todos y para siempre. La mejor ayuda para cada adolescente es la respuesta de sus padres. La mejor colaboración de los hijos es enseñar a sus padres.
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